Mi casa soy yo
Por Gonzalo Gómez (Lechu)
El hogar es todo aquel lugar donde uno se siente cómodo, a gusto y seguro con su entorno. Ya sea con la pareja, la familia (ascendencia o descendencia), los amigos (los de siempre o los que ves una vez cada tanto); pero en cualquier caso con aquellas personas que uno sienta incondicionales y uno lo sea para ellas, por lo menos, en ese momento en particular.
Desgraciadamente, el concepto de hogar se ha ido degenerando con el paso del tiempo. Y no me refiero a las múltiples manifestaciones que éste ha adoptado en una sociedad cambiante como la nuestra, donde los divorcios y hogares monoparentales son cada vez más frecuentes, sino a la multiplicidad innecesaria de acepciones que se le atribuyen y la estrechez de las mismas.
La más común es la que refiere a casa o domicilio, incluso reforzada con la implicancia de una convivencia entre parientes. Pero la esencia es mucho más simple y genérica, y por ende, más factible su consecución. Concebido de esta manera, pude ahorrarme muchas sesiones de terapia porque convengamos que quienes, a pesar del paso del tiempo, continuamos yirando por los boliches donde encontramos este tipo de publicaciones, posiblemente tengamos algunas dificultades con la constitución de un hogar, según su significado más ortodoxo. Y esto, cada tanto, es causa de angustias o por lo menos algunos cuestionamientos. En la vida necesitamos realizarnos de diversas formas y lograr determinadas satisfacciones. Algunas condicionadas por nuestro coactivo entorno social, pero otras de carácter bastante más elemental como constituir un hogar.
Ahora bien, para encontrar la causa de la ominosa confusión que nos lleva a concebir el hogar de manera errónea debemos remontarnos a la recordada escena de E.T., donde el adorable extraterrestre señala un planeta con su dedo de punta luminosa y pronuncia la palabra “Home”, que el subtítulo traducía como “Casa”. Si señores, lamento tener que plantearlo así, pero la causa de éste, como de tantos otros complejos, tiene origen en nuestra infancia.
Pero las cosas son mucho más simples si consideramos al hogar como un ámbito que se conjuga con determinado estado de espíritu, y si se me permite ir un paso más, no creo que la existencia de otra persona sea condición sine qua non*. De esta forma, cada uno de nosotros, podría tener varios hogares consecutivos o simultáneos e incluso, contenidos unos dentro de otros.
Este puede ser en una casa -propia o ajena-, un boliche, un club y a su vez, cuando escuchamos que alguien habla de su cuidad o su país como su hogar, no es una metáfora. La cerveza colombiana POKER emplea el slogan “Donde están tus amigos está tu tierra”, refiriéndose claramente al hogar. Pero esta idea se puede ampliar aún más ya que mirando el cielo estrellado desde el parque, frente a mi casa, podría concebir como mi hogar a éste inmenso Universo que me rodea. Igualmente debo confesar que para cuando experimenté ese sentimiento ya había caído por un profundo agujero persiguiendo al Conejo Blanco, pitado un poco del narguile y comido del hongo donde se posaba la Oruga.
* Pido permiso porque según una amiga, pareciera que estoy tratando de crear una nueva
religión.

