La cofradía de los perejiles
Por Sebastián Amoroso y Cinthia Soca
Se infiltran donde quieren: en un recital de Fito Páez o en un charter para la prensa -según ellos cuentan- contratado por el gobierno con destino a las Islas Margarita. Más, no importa el contenido; si es un vernissage por la inauguración de una exposición de arte, la clausura de un encuentro latinoamericano para abordar el tema de los transgénicos, ó la presentación de los resultados del Instituto Nacional de Estadística.
Simple rutina. Todos los días una pequeña cofradía se dedica a relevar con insistencia, cuándo y dónde se llevarán a cabo toda clase de eventos sociales. Sitios, donde además de las cámaras, aparece el tan codiciado objetivo de estos asistentes sin invitación: el servicio de lunch. Choferes de medios, camarógrafos, periodistas y mozos de confiterías; tildan a estos personajes de “perejiles”, porque según ellos: “Están en todas las comidas”. Sin embargo cada miembro de esta particular sociedad opta por definirse como “periodistas independientes” o mejor aún “periodistas integrales”.
Periodistas integrales
Los periodistas integrales son un grupo oscilante de 15 a 25 personas, en su gran mayoría de sexo masculino y jubilados –pocas mujeres, pocos jóvenes-, cuyo leitmotiv consiste en consumar la L.E.I* de cada día. Su sistema básico de organización consiste en pasarse los piques por teléfono. De este modo logran su objetivo: se infiltran en conferencias, mítines o fiestas, aparentando ejercer el oficio de cronistas.
El atractivo en estos eventos gira en torno a dos premisas sagradas:1) Disfrutar gratuitamente de la vida garroneando a diestra y siniestra todo lo que se pueda, desde un sándwich de miga hasta una copa de vino tinto; 2) Representar el papel del relacionista público, haciendo lobby mientras se codean con autoridades y otras figuras del medio, buscando -quizá un sueño, tal vez una extraña fijaciónser reconocidos por su supuesto oficio.De este modo llegan a asistir a fiestas VIP en Punta del Este y hasta son agasajados con placas honoríficas por su trayectoria por parte del Círculo Patriótico del Uruguay en el Ateneo de Montevideo.
Documentar la realidad cuando parece ficción
Los perejiles suelen ser discriminados por los periodistas y personas que se mueven en el ambiente de las relaciones públicas. Son rechazados por su inusual apariencia y por llevar acabo una simulación; pero basta conocerlos para aceptarlos y comprender que son un reflejo tal vez exagerado de ese propio mundillo y sus rituales. Seres cuyo objetivo no es llevar la nota a un medio si no pertenecer a ese entorno, personas que en su proceder parecen parodiar ese escenario de lanzamientos, eventos e inauguraciones; haciendo de la rutina una ficción.
Así, por lo menos lo entendió Biyu (32): “Hay una cuestión que va más allá del hecho de ir a comer, que es el de pasarla bien y también una necesidad de pertenecer al entorno de la prensa, de figurar y ser reconocidos. Gente que no es periodista y parece salida de una caricatura, que se auto adjudica años de periodismo que no tiene, entre otros papeles en la sociedad. Ellos crean esa ficción y se la creen. Me han dicho que en el gobierno del Cuqui (Luis Alberto Lacalle) llegaron a viajar a las Islas Margarita, a Cuba y que estuvieron a punto de viajar a Rusia. Hasta qué punto lo que cuentan es verdad o mentira, no sé, lo que tiene importancia para mi es documentar lo que ellos piensan y relatan, tal cual, y no buscar la verdad.
Hay uno de ellos que me tiene cautivado, cada vez que las cámaras se prenden se transforma en el sentido de adquirir una postura de solemnidad, de respeto, que difiere mucho con su imagen, y esos cambios y contrastes son los que quiero registrar”.
Biyu es Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja como asistente de cámara de Tevé CIUDAD y se autodefine como “realizador” –entre comillas aclaró- de video. Su primer corto La
Entidad (2003) estrenó el concurso de cortometrajes de la Movida Joven, con el primer premio. Además obtuvo una mención por su humor en La Pedrera Short Film Festival en 2004. El licenciado, en sus horas de trabajo cubre todo tipo de eventos, y con cámara propia en mano realiza un fructífero trabajo de campo. Registra planos, secuencias y diálogos extravagantes, que actualmente recopila para un futuro documental, donde se retrata vida y obra de estos personajes citadinos.
En uno de los cortes del documental hay un testimonio de Pablo –representante del grupo hedonista de los perejiles-. Éste fiel a su filosofía expresa: “Hoy estoy aquí, mañana no sé. Así que tengo que aprovechar”. Más adelante relata su tenacidad para no quedar fuera de la movida. En oportunidad de una fiesta de la revista GENTE en Punta del Este, ante la negativa de entrada por la puerta principal, se dirigió a la puerta de servicio y pidió una cinta rosada de recuerdo, la que, casualmente, permitía el acceso a la fiesta.
Una de las personas que allí se encontraba, le ató la cinta en su muñeca – Pablo es ciego-. “Yo no lo podía creer, tenía en mis manos la llave para entrar a la parte VIP de la fiesta”, recuerda Pablo. “Además, allí se entregaban invitaciones para la temporada -lanzamientos de boutiques, entre otros-, por lo que estuvimos diez días comiendo de arriba y durmiendo en carpa”.
Con respecto a Pablo, Biyu cuenta que al ser invidente la gente le sirve todo en la mano. El tipo es una persona muy divertida, es uno de los protagonistas principales de esta cofradía; junto a Carlos, quien tiene un perfil más protocolar, son los ejes centrales del documental.
El “tiqui tiqui” tan anhelado
El “tiqui tiqui” es, en la jerga de los periodistas, la nota codiciada a cubrir; no tanto por lo sustancial de la noticia como por lo jugoso del servicio de lunch. En la lógica de estos eventos, está en la tapa del libro servir un brindis para asegurar la asistencia de los medios y es allí donde los límites entre ser periodista y ser perejil se desdibujan.
Tal vez sea aquí donde el rechazo a la cofradía muestre su cara más pueril, según Biyu: “Hay una cuestión de competencia cuando las mesas están servidas. En ese momento todos comen,
desde la autoridad más zarpada hasta el último perejil”. La diferencia tajante parece radicar en que unos tienen licencia y otros la simulan. “Todos llevamos un perejil dentro y eso es algo que el Biyu te lo hace saber. Cuando después de cubrir una nota te dejas tentar por la masita o el sandwichito, él aparece con la luz roja encendida de su cámara, te agarra con la mano en la masa y te amenaza con figurar en su documental”, confiesa una notera.
Dos son los lugares resaltados en rojo en la agenda de la L.E.I: el Ministerio de Turismo –reconocido por los suculentos eventos- y la Expo Prado, que aunque es una vez al año es la zafra por excelencia. Una semana entre parrilladas criollas, whisky importado y flirteo internacional.
Fuera de los grandes relatos
“El espíritu del documental está inspirado en la filosofía de Lyotard. Están los grandes relatos, grandes historias, grandes hechos. Acá en Uruguay los documentales giran en torno a la dictadura, Benedetti y Galeano; entonces la idea es tomar pequeñas historias, ir en otra línea”, dice Biyu.
Adelanto
www.youtube.com (Carlos, El Perejil Supremo).

