Tira tú que te toca a ti..
Por Andrés Lasarte
Tú eres una viejita posh. Eres una de esas señoras de sociedad que aparecen en las últimas páginas del El País de los Domingos semana a semana. Aún recuerdas la primera foto que te tomaron para ese diario allá por 1990. Aparecías junto a Dionisio, tu esposo, y tu hija Helena en un cocktail organizado por el Ministerio de Educación y Cultura en el Palacio Taranco con motivo del 125 aniversario del nacimiento de Ravel. Tú estabas un poco decepcionada, porque pensabas que el Bolero de Ravel era algo más similar al trabajo de Julio Iglesias o Luis Miguel en lugar de una pieza monótona e insoportable, pero supiste aguantar bien hasta el final de la velada. Tu casa también salió en Arte & Diseño, donde te hacían una nota de novela en la que contabas anécdotas de la quinta de la familia y de cómo conociste a Dionisio.
Qué tiempos aquellos!! Soko’s y la cafetería del Anglo eran tu primera opción cuando querías pasar un buen rato sola o jugando al rummy con amigas. Ahora Soko’s cerró y en la cafetería del Anglo no encuentras más que jóvenes imberbes que te miran con cara rara cada vez que vas. Has tenido que conformarte con El Café de la Paix, la Conaprole o el Expresso Pocitos, y pese a que siempre que vas dices que la atención es espantosa, que todo tiempo pasado fue mejor, y terminas volviendo a esos mismos lugares. Al menos ahora tienes el Teatro Solís, donde hace poco fuiste a ver La Bohéme y un recital de Eduardo Alfonso (otro que reivindica a Ravel). Pero eso también te aburrió. A ti te gusta más ver al maestro García Vigil dirigir música de dibujitos animados. Es más alegre. Donde sí te encuentras en tu salsa es en el curso de Historia del Arte que empezaste hace un par de meses. Claro que más que nada, vas para hablar de tus viajes y cuando te preguntan si leíste tal o cual libro, tratas de cambiar de tema, pero igual disfrutas las charlas en las que puedes mencionar el campo, la casa en Punta y refregarle en la cara a Madelón que Esteban, tu nieto, ganó el último campeonato de regata o que la chiquita, María Eugenia, cumplió quince el mes pasado y pasó una noche inolvidable. No puedes decir menos de Renato, tu hijo, que acaba de poner un restaurante en Punta en sociedad con Jorge Rama que seguramente será la sensación de la temporada.
Ya lo puedes ver describiéndole a Victoria Rodríguez la propuesta gastronómica innovadora del lugar ante las cámaras de la tele que todos quieren. Quién sabe. Hasta podría surgir un vínculo entre él y esta chica tan mona que termine en algo más serio. Sabes que suena descabellado, pero es que estás tan cansada de que Madelón saque con malicia el tema de que a sus treinta y un años, Renatito no tenga ni siquiera una noviecita, que tus estándares han bajado lo suficiente para aceptar prácticamente a cualquier mujer que tenga la voluntad de pasar el resto de sus días con tu hijo. Además te gusta fantasear con la idea de verlo casado con una mujer de la farándula. Sería la boda del año. Hasta te imaginas la ceremonia y todo. Renatito, de frac negro esperándola a ella en el altar con cara de ensueño. Victoria (Vicky, una vez que llegues a conocerla mejor) con un hermoso vestido de seda blanco entallado al cuerpo exudando glamour. Una vez casado él, ya nadie podría manejar esas turbias suposiciones de que es rarito, ni nada por el estilo. Madelón tendría que guardar silencio y buscar a alguien más para agarrar de punto. Claro que si la gente comenta, también es porque Renato tiene cierto dejo de delicadeza que no cae muy bien en las reuniones del Opus o en los almuerzos en el hipódromo con la gente del Partido. Tú sabes que algo de razón tienen, pues hasta ahora nunca se ha visto un caudillo gay, pero también entiendes que lo de él es un recurso para explicitar un poco más sus raíces y su condición de aristócrata más que otra cosa.
En todo caso, de ser verdad, que no es, la culpa la tendría Dionisio por haberlo llevado desde chiquito a la caballeriza de la estancia e interesarlo por la actividad hípica a tal punto que el niño se la pasaba montando todo el día. Por qué no podrá haber sido más como Helenita, que se recibió de abogada a los veinticuatro y el año siguiente se casó con un muchacho de excelente familia. Ésta es una de las pocas cosas que realmente te preocupan y que ni el aroma de las sales de baño pueden hacer desaparecer. Pero las cosas son así y el mejor favor que le puedes hacer a tu hijo es levantar el mentón en señal de orgullo e ignorar las críticas, que al fin y al cabo, la imagen lo es todo. Igual la relación con tu hija tampoco va del todo bien por el momento. Ella te pide que te quedes con los chicos cuando ella no está y tú te preguntas para qué está la mucama. Es que tú tampoco tienes todo el tiempo del mundo. De hecho, ahora estás un poco más ocupada que de costumbre. Pues con ayuda de un bibliotecario, estás
buscando información para probar que eres familiar directa de la desaparecida Lady Di.
Aparentemente, su tatarabuelo se casó en segundas nupcias con la prima hermana del bisabuelo
de una media hermana tuya. Con esto, pretendes demostrarle al mundo que tú, Mercedita Gómez de Oppenheimer, has nacido para la grandeza. Sólo de pensar en la expresión embelesada que pondría Puglia al entrevistarte, se te hace agua la boca. Finalmente podrías ser tapa de Sábado Show, un anhelo por tantos años guardado en secreto.

