El mar de John Banville

Por FRC

En la foto de la solapa, John Banville tiene una chalinabufanda en el cuello, mientras mira la cámara con toda la estudiada tranquilidad de quien se sabe un escritor europeo importante. A medida que se va leyendo El mar, uno se va dando cuenta que efectivamente lo es. La novela ganó el Man Booker, el premio más importante de la literatura británica y la consagración comercial y artística de cualquiera. De hecho, Banville parecía el último que faltaba ganarlo entre tantos prestigiosos colegas, entre los que hay que ubicar a Kazuo Ishiguro o Ian McEwan, por nombrar dos, quizás los más relevantes. El estaba de antes, ya que es un poco mayor y su primeros trabajos fueron publicados en 1970.

Tras un comienzo que insiste en recordarme a Katherine Mansfield y ciertos entramados que traen a Virginia Wolf, Banville consigue una novela pequeña pero importante sobre el repaso a la vida de un historiador del arte que padece el dolor de la viudez. Como tantos otros, pretende encontrar en su pasado alguna respuesta para su futuro volviendo a la casa donde pasaba sus veranos infantiles. La naturaleza (como en Hamsun, ahora que lo pienso) tiene una presencia primordial desde el primer párrafo donde se relata un extraño fenómeno con una marea que baña una playa donde reposa un viejo carguero oxidado encallado en la arena “que debió pensar que iban a botarlo”. Esa idea de algo viejo que cree encontrar una nueva vida pero se enfrenta con la desilusión, es una guía para atravesar esta novela. Banville escribe muy bien, con una riqueza y una capacidad de detalle a las que les hace justicia la traducción.



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