Sic, “Mi infancia (1896)”

Mi infancia (1896)
Hermann Hesse
Los clásicos del siglo XX, nº81
Ediciones G.P., 1971

(…) El recuerdo de mi padre y de mi madre empieza a ser más claro desde aquel día. Independientemente de mi vida solitaria por los prados, vivía una existencia alegre en
nuestro hogar. Mis recuerdos no son tan uniformas y claros como los de mi deambular
por los prados, debido a que en mi sentir intervenían otras personas y a que se multiplicaban mis emociones.

No me es posible recordar cuándo empezó realmente la influencia de mi padre sobre mí en lo referente al arte en general y en particular al arte lírico, ni cuándo la influencia de mi madre en el terreno musical. Algunas impresiones de esta índole aparecen aisladas en los recuerdos de tiempos posteriores, pero tienen que haber existido con anterioridad. No me atrevo a hablar mucho de mis juegos infantiles. No hay nada tan maravilloso e incomprensible, nada que nos parezca tan extraño y lejano y que olvidemos tan ineludiblemente como el alma del niño que juega.

Debido a nuestra posición desahogada y a la esplendidez de mis padres no me faltaron nunca los juguetes. Poseía soldaditos, libros de láminas, juegos de construcción, caballos, columpios, coches, látigos…; y más tarde también tiendas, balanzas y dinero, sin contar con que, para jugar a teatros, podía disponer de las cosas de mi madre. A pesar de ello, mi fantasía se entretenía con taburetes, construía casas de mesas, pájaros de trozos de paños, y misteriosas cuevas con la pared, el biombo y las sábanas.

Junto a ello había en los cuentos que me contaba mi madre una superabundancia de mundo, y ambientes bastante a llenar todos mis sueños. He escuchado y leído a escritores, narradores
y comentaristas de fama mundial, y siempre los he encontrado torpes y aburridos cuando los
he comparado con las narraciones de mi madre. (…)

 

 



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