Federico Roca, dramaturgo y actor

El encanto perdido

 

“Todo surgió de la canción Baubles, bangles and beads, en la voz de Sassy, como le decían a Sarah Vaughan. Un día puse el disco, empezó la canción y vi a mi protagonista, Maggie, entrando al bar donde trascurre la acción. Fue muy cinematográfico, de cierta manera. A Sassy, Ella Fitzgerald y Billie Holyday, las conocí cuando tenía 12 años.  Me las hizo escuchar Pochola, la abuela de mi amiga Mariana, y ya nunca más pude prescindir de ellas. Ahora mismo, mientras escribo esto, tengo a la Fitzgerald cantando a Gershwin en el equipo. El glamour en decadencia se respira en lo que hago y no podría ser de otra manera. Conocí a esas cantantes increíbles de la mano de una mujer muy mayor; Sarah y Billie terminaron sus días presas del alcohol y las drogas, y la Fitzgerald, que era muy prolija, de todos modos se murió de diabetes y con una pierna amputada. Se estaban muriendo, pero sus voces eran espléndidas. Si todo eso no es decadencia, no sé qué será.

Además, cuando escribí esa obra me acababa de separar de una relación de 8 años y pico y me sentía mal, por no decir que me quería matar. Así que QQQ es una obra que nace de la decadencia. Por si fuera poco, yo estaba muy cerca de los treinta y lo que me planteaba, justamente, era la decadencia. La decadencia en las relaciones, la decadencia del propio cuerpo, en fi n: la decadencia en sí misma. Escribir QQQ fue una manera de poner esa decadencia que percibía en mi vida en un lugar donde poder verla. Creo que todos los artistas hacen eso de una manera u otra. Pienso en Eduardo Sarlos, que le tenía tantomiedo a la vejez que pintaba viejos todo el tiempo. De todos modos, la decadencia tiene un discreto encanto. Tiene algo que enamora. Hay algo muy tierno en ella. QQQ tiene mucho de eso. Al menos Maggie, la protagonista. No puedo evitar pensar en Sunset Boulevard. ¡Qué película! Maggie tiene mucho de la Norma Desmond de Gloria Swanson. La obra está ambientada en los ‘40, década singular, si las hubo.

 En mi casa se veían películas de esos años porque a mis padres les encantaban. A mí, que era un niño, me sorprendían muchísimo esas mujeres de las películas, tan estilizadas, tan misteriosas. Con esas miradas entre lánguidas y malévolas. Una cosa extrañísima. Me gusta mucho ese momento del cine. Tenía algo de exceso: las mujeres eran la apoteosis de lo femenino pero con cierta aureola de perversidad, y los hombres eran todos muy hombres, muy machos, con aquellas espaldas y pechos tan rotundos. De alguna manera, todo muy estereotipado. Si se quiere, hasta histérico. Haciendo psicoanálisis de sobremesa, uno podría llegar a la conclusión de que si esas mujeres y hombres necesitaban, o se mostraban tan “mujeres” y tan “hombres”, seguramente alguna clase de sordidez estarían ocultando. Eso es el glamour: una ilusión, un encantamiento, en el sentido mágico del término. De todas esas actrices y actores decimos que eran glamorosos. Pero nos olvidamos de que por detrás del glamour está la realidad. ¿Cuál sería esa realidad? El glamour es nada más que un instante, ¿qué hay después?

Humanidad descarnada, seguramente. Pongamos a la Callas por ejemplo. Fue lo más glamoroso del mundo y en el arte era de una seguridad asombrosa, pero en su vida real, lejos de los escenarios y los fl ashes, era un ser absolutamente inseguro, lleno de dolor y con una necesidad patológica de ser amada. Todo eso habla de cierta ambigüedad. Siempre pienso que lo glamoroso, si no viene de la mano de la ambigüedad, no es glamoroso. Porque lo glamoroso no es tangible, y si tomo contacto con la realidad del glamoroso, automáticamente deja de ser glamoroso porque si el glamour es la capacidad de crear una imagen y yo logro atravesar esa imagen, ¿dónde queda el glamour? Y pasamos a lo siguiente, que es que cuando la ambigüedad es una opción de vida, la ambigüedad sexual está allí también. Así es Maggie, la protagonista de QQQ: se le ha hecho carne el glamour de tal manera, que es sexualmente ambigua. En su búsqueda de una identidad, no le importa ser de a ratos heterosexual y de ratos lesbiana. Podríamos decir que es bisexual, pero no: a veces es heterosexual y a veces es lesbiana, según lo cómoda que se sienta vestida con pantalones. ¿Por qué los pantalones? Porque como todo glamoroso, es estereotipada.

Maggie es una visión extrema de los años ‘40, esos años que se debatían entre la austeridad impuesta por la guerra y el “glamour” propuesto por el cine y la publicidad. Un mundo en decadencia y un cine en auge, sofi sticado y elegante. Me encantan esos años porque, vistos desde hoy, están increíblemente llenos de posibilidades para los creadores. Si uno plantea algo en los ‘40, cualquier cosa puede pasar y seguramente sea coherente con la época. Pero creo que QQQ trata en realidad de las máscaras que usamos a diario para defendernos de la vida o acoplarnos a ella. Todos somos un poco Maggie, supongo.”

Federico Roca es músico, actor y dramaturgo. Es un uruguayo que ha estrenado espectáculos no sólo en Uruguay, sino también en Argentina, Estados Unidos y España, cosechando varios premios
en diferentes festivales teatrales. QQQ (Quisiera Quererte, Querido) exhibida por primera vez ante el público uruguayo en el 2003, en Pachamama, en el año 2005 se estrenó en Dallas, EEUU, y en Valencia, España (donde obtuvo premios en festivales teatrales). Este año se estrena en Maniatan. Su obra Descaradas se estrenó en Buenos Aires en agosto 2006, mientras que PPP (Pequeña Pieza psicopática) fue estrenada en Valencia, en octubre de 2006, obteniendo, esta última, premios al Mejor Espectáculo y Mejor Puesta en Escena. Este año verá su estreno en Francia.


Comentarios

Martín said

Jaj! Lo conozco a Fede. Es un tipo macanudo, además de cultísimo. Y la obra está bárbara.


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