Mika, Life in Cartoon Motion (2007)
Te amo, te odio, dame más
Por Agustina Larrea
Pocas canciones describen como Grace Kelly, de Mika, las cosas que cualquier enamorado hace para interpretar al objeto de su amor y a sí mismo (él asegura que puede ser verde, marrón, púrpura, azul o encarnar a Grace Kelly, aunque sus miradas sean un poco tristes). Envuelto en su maquinaria pop, llena de color y de falsetes de ocasión, logra reflejar las preguntas cruciales, las inseguridades, la necesidad del otro -con todo lo que gusta y también lo que disgusta- y las dudas que aparecen, inoportunas, en el momento en que alguien enredado en los vericuetos del amor se hace la pregunta del millón: ¿qué ves cuando me ves?
Parece increíble que tanta vivacidad y tanto colorido provengan del joven Michael Holbrook Penniman, que no tuvo una infancia fácil: nació a mediados de los 80 en Beirut, Líbano, pero debió mudarse por cuestiones familiares primero a París y luego a Londres. En el medio, su padre fue tomado como rehén en la embajada norteamericana de Kuwait y el hecho –sumado a las constantes mudanzas- afectó al chico tanto, que llegó a perder el habla y hasta olvidarse de leer y escribir. “Me quedé sin ir a la escuela casi 6 meses, para tratar de encontrar una salida”, cuenta el cantante en su página oficial. “Ese fue el momento en que la música cobró importancia en mi vida”, sentencia Mika, que con apenas 9 años sabía que escribir canciones sería su destino.
Casi excluido de la vida social escolar de cualquier adolescente, comenzó sus estudios formales de música y también empezó a tomar clases de canto con un profesor ruso bastante temible. “Hice de todo: desde grabar con la Royal Opera House hasta cantar en un jingle para una marca de chicles”, relata Mika sobre sus comienzos. Desde ese momento se fue generando la combustión que hizo estallar la carrera de Mika: grabó sus primeros simples y con el poder de su hitazo Grace Kelly se hizo conocido en el Reino Unido y hoy su disco fue editado mundialmente. Life In Cartoon Motion, clasificado por gran parte de la crítica especializada como “caleidoscópico” tiene entre diez y trece canciones (depende de la longitud y la latitud que se esté pisando y, de ahí, la edición local que se consiga) que mezclan, como pequeños vidrios multicolores, las variadas influencias de este artista: desde la voz de Freddie Mercury, los sonidos más nuevos de Scissor Sisters y la intención de Robbie Williams, hasta el tinte británico de Morrissey. Mika asegura que sus gustos musicales son de lo más eclécticos: Joan Baez, Bob Dylan, Serge Gainsbourg, Prince y el flamenco son parte del combo que elige para su discoteca personal y la influencia se nota.
Como comer chupetines, agarrar una autopista vacía y con sol o encontrar ese sorbo salvador al final de la botella, Life In Cartoon Motion no hace más que provocar esa pequeña gran felicidad cotidiana y proyectarla por mil, como un caleidoscopio, con todas sus posibilidades y sus formas. Como ese enamorado de “Grace Kelly” que puede ser todos y cada uno de los colores.

