Letras, “El enigma en París” de Pablo de Santis

Los premios

 

Por Fernán R. Cisnero

En los últimos años, los ganadores de los premios panregionales de literatura, no han estado a la altura del prestigio de la convocatoria, el renombre de sus jurados y el dinero del que se hicieron. Las grandes casas editoriales han gastado sus buenos recursos en premiar obras que no parecen tolerar el mínimo juicio crítico, aunque sí parecen tener capacidad de recuperar la inversión en librerías. El enigma de París de Pablo De Santis es una excepción. El argentino se granjeó la envidia de cuanto escritor con necesidad de subsidio ande en la vuelta al ganar los 200 mil dólares de la convocatoria Planeta-Casamérica de Novela Iberoamericana 2007. Y hasta se merece el premio. (*) Lo consiguió con una historia y un planteo que dialoga con la más popular novela de intriga, con una locación tan poco latinoamericana como es la Exposición Mundial de París de 1889, un momento bisagra para el mundo. Estrellas internacionales, los integrantes de un grupo conocido como Los 12 detectives —una suerte de superhéroes pero con los superpoderes limitados a la deducción—, van a tener que colaborar entre ellos para resolver el caso. Los detectives cargan, además, las mezquindades de siempre y el grupo, cuyas aventuras son devoradas en versiones de folletín por todo el mundo, está corroído por envidias, viejos rencores y sueños de poder. Allí va a dar un muchacho argentino, Sigmundo Salvatrio, que después de descubrir que su mentor, el supersabueso Renato Craig, no es todo lo íntegro que parece, debe sustituirlo en la reunión parisina de la docena de detectives. Allí se verá envuelto en el crimen que, las mentes más preclaras del universo, intentan resolver.

El enigma de París funciona como un homenaje al género policial, sí, pero a la vez se convierte ella misma en un modelo a seguir. De Santis —quien tiene 44 años y un prestigio como novelista, periodista y guionista de historietas (fue director de la clásica revista Fierro)— es un muy buen escritor y tiene una imaginación para nada tímida. No sólo le va agregando al caso principal condimentos atractivos como la construcción de la Torre Eiffel y los esotéricos intentos por frenar ese avance del positivismo, sino que arma pequeños cuentos policiales para presentar a cada uno de los detectives. Es una novela de aventuras, después de todo, y se disfruta como tal. Esa recuperación de una tradición foránea vuelve a traer el tema de en qué se ha convertido la novela hispanoamericana. Hace años, Jorge Volpi con En busca de Klingsor experimentó las posibilidades de hacer una novela regional sin necesidad de ubicarla en este continente (el disparador de la novela eran científicos, había nazis) o darle toques de realismo mágico. Junto con otros, manifiesto incluido, se hicieron llamar generación crack, honomatopéyica alusión al boom latinoamericano. Lo de De Santis es mucho más lúdico. No hay conciencia generacional, en todo caso, hay respeto de un autor por las fuentes en las que se formó su literatura. Lo que consigue es una novela entretenidísima, muy bien escrita, y que también difumina el límite entre la alta literatura y la de consumo popular. Así, El enigma de París es una novela policíaca para leer sin culpa. (*) También se acaba de editar El susurro de la mujer ballena del peruano Alonso Cueto, finalista del Planeta-Casamérica, pero el tiempo de este cronista estuvo escaso y apenas llegó a un tercio de ella y, por ahora, no viene nada mal. Capaz que los premios latinoamericanos de novela ya no son lo que eran.



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