Un cordero suelto
Gwen Stefani
Por Andrés Lasarte
Es un ícono pop encantador pero insuficiente, un caramelo de miel que se guarda en el bolsillo para comerlo luego; hasta que es demasiado tarde y está blando y pegajoso. Intentó convencer a todos de su condición de diva fashion con discos solistas ideales para la pasarela y frases adjetivas del estilo de “super fuckin’ trendy cool” y le creyeron. Porque ser Gwen es ser mucho de lo que se aparenta ser. En su mundo de miedo al sobrepeso y conexiones estéticas con la cultura asiática, Lewis Carrol y Valentino son parte de una misma cosa. Todo es glamour. Tanto el protagonista de la última de Burton como la modelo que aparece en una caja de jabones, o el rapero gangsta del momento.
Para Gwen, el glamour es un tema que radica esencialmente en que el sujeto sea visto por otros y sea capaz de sustentarse como centro de atención. De esta forma ella ata a patanes convertidos en estrellas, a artistas serios y a todo el que cuadre, con una misma soga, para luego cubrirlos a todos con un halo de pureza plástica y reluciente. Quizás pretendiendo llevar este concepto al plano de lo literal fue que decidió sacar al mercado su línea de ropa. Nada mejor para el autoestima que caminar por la calle y ver un montón de chicos lindos y chicas lindas luciendo la palabra “corderito” del ombligo para abajo y sentirse responsable de ello. L.A.M.B es la marca que definió a Gwen Stefani desde el día uno, tras la separación de No Doubt, al momento de emprender proyectos personales.
Love.Angel. Music.Baby. es el nombre de su primer disco como solista y con el que bautizó a sus creaciones en el campo de la moda. Entre sus diseños hay de todo un poco; desde chaquetas militares combinadas con tipografías góticas y vestidos temáticos con mensajes surrealistas a calzados deportivos bañados en oro y shorcitos insinuantes. Algunos de éstos realmente están tan bien logrados que por momentos llevan inmediatamente a la certeza de que Gwen es mucho mejor como diseñadora que como cantante o compositora. Pero hay allí un error muy importante. Cualquiera que se acerque a la música de nuestra girlie girl debe saber que Gwen no enfatiza su carrera musical en su capacidad para hacer canciones tomando el ejercicio compositivo como una manera confesional de verse a sí misma, sino que se limita a procurar que todo salga bien.
Sus dos trabajos discográficos consisten en el resultado de horas y horas de producción destinadas a cumplir con las expectativas generadas por el fenómeno. Y tanto Love.Angel.Music.Baby. como su nuevo álbum confirman esto. The Sweet Escape, editado por Universal a principios de este año, es una muestra de virtuosismo de producción, un viaje en el que los valores no importan. Se está más allá del bien y el mal, siempre y cuando no se pierda la capacidad de generar sorpresa e inmediata adicción. Mientras el sampling invite a saltar, las bases funcionen bien y los arreglos vocales tengan presencia, todo estará perdonado. Los responsables de este disco en términos formales son varios, pues los créditos de producción en los temas van desde The Neptunes a Tony Kanal.
Pero los momentos de mayor originalidad remiten directamente al ex bajista de No Doubt, y ex novio de la chica, Tony Akon. Este señor es un monstruo sagrado que parece no tenerle miedo a nada. Don’t get it twisted comienza con una serie de sonidos por demás estridentes, luego evoluciona en una cumbia electrónica y finalmente se convierte en un tema más del disco como si nada hubiera pasado. Y así ella va campante por la vida, como si nada hubiera pasado. Saltando como Alicia en California, suelta de cuerpo y de mente, creyendo con más terquedad que certeza que a los treinta y siete años, y con tetas nuevas, aún se puede ser joven. Para su comprensión total, hay que entender todo lo que implica que Gwen sea una marca. Hay que comprarla, escucharla, ponérsela para ir a bailar y disfrutarla lo más que se pueda. Más luego, pasado un período considerable de tiempo, es aconsejable tirarla, deshacerse de ella y olvidar todo rastro de su presencia. Pues no por siempre estará lejos la hora de la redención.

