Después del Rock and Roll
Mónica Navarro
Por Mauricio Bosch
Mónica Navarro es argentina. Nació en el ’68 y aunque se la conoce por haber sido la última frontgirl de La Tabaré, eso ya es historia. Hoy, cambiando el under por el arrabal, se presenta con un flamante Paquetito de tangos – grabado en vivo - que la muestra como teatrera del canto. Paquetito de tangos tiene un repertorio entre exquisito y caprichoso; visita grandes tan disímiles como Homero Manzi, Spinetta, Liliana Felipe, El Príncipe, Gardel y Charly García.
La lección de anatomía le hizo cruzar el charco y la calma montevideana la cautivó. Era la primera vez que se alejaba de Villa Urquiza, su barrio. Navarro recuerda: “…piramos con Montevideo, el tiempo era distinto, había tiempo para hacer las cosas, conocer gente…, al papá de mi hija (ríe).”
¿Cómo pasas del rock al tango?
Hubo un concurso de tangos por el 2000 y me empezaron a dar manija; me anoté y gané. Con el tango me morí, sentí que había dejado de ser Pomelo (personaje rockero de Peter Capusotto), el rock and roll nana, no tengo nada en contra del rock pero es como que descubrí otra cosa en la que me reencontré conmigo. Y me pasó con la canción en general. Me muero con Fernando Cabrera, con Liliana Herrero.
¿Influencias?
Muchas y ninguna. Siempre escuché rock, era bien “Pomelo”, si bien mi primer grupo fue vocal y hacíamos folklore, en el teatro empecé por cantar. (…) Y las influencias tangueras se remiten a mi casa natal (…) Típico, vieja guardia y odio a Piazzolla. Mi viejo decía “eso no es tango” y ahora, en la grabación del disco, me dijo: “eso que vos hacés, tampoco es tango” (…) Hoy, ya está recopado.
¿Que está pasando hoy con el tango en Montevideo y que diferencias encontrás con Buenos Aires? Mi percepción es que en Buenos Aires no hubo paréntesis. Acá (….) resulta que en un momento se murió. Quedaron algunas pocas personas en la vuelta. Ahora hay como una cuestión “joven”, no se si será la palabra, gente a la que te pareces, que usa pantalón de jean y no lamé. (…) Yo no estoy en esto del tango porque sea “chic” o por snobismo. Estoy porque me muero con él. De todas formas hay como un aroma femenino y no sólo en el tango, tengo varias amigas que en breve sacan disco.
¿Cómo elegiste el repertorio?
Eladia Blázquez me encanta, es moderno, es como el nuevo aliento del tango. Con Spinetta me pasa que Durazno sangrando lo escuché toda mi vida y lo quería hacer, con Fito Páez estábamos entre dos canciones y por suerte quedó Carabelas de la nada que es un tangazo. Hay dos temas que los cantaba Tita Merello: No es por hablar mal y Tata llevame pa’l centro. Otra tipa alucinante; salía a cantar con un pucho en la boca cuando a ninguna mujer se le pasaba por la cabeza. Quiero ser un muñeco de El Príncipe. No lo conocí, pero Jorge Pi, el contrabajista con el que toco, tocaba con él (…) Resulta que un día, en Chile después de grabar con La Tabaré, Diego se puso a cantar ese tema y terminamos llorando.
¿Podríamos decir que no volvés más al rock? Yo que sé, ahora estoy muy cómoda con lo que estoy haciendo y ya estamos preparando más canciones para el show de la Zitarrosa que se viene el 14 de septiembre, así que ni idea, creo que no…

