Engendro de Satán

 

Yes, I’m a Witch – Yoko Ono (Astralwerks, 2007)

 

Por Andrés Lasarte

Ella es el mito de la ruptura. La supuesta causa de la disgregación material de una idea sacralizada. Y aunque la acusación es injusta, y por qué no xenófoba, ella tendrá que cargar con esa piedra a lo Sísifo hasta el final de sus días. No debería, pero las mayorías son perezosas y buscan blancos fáciles en quien cargar las culpas. Es un impulso abominable que la historia no corrige. Ciertamente Yoko no es un principio destructor, o una advenediza sin pulso propio; es más bien lo contrario, un alma creadora que ingresó a la vanguardia artística neoyorquina mucho antes que John saliera de Liverpool. Para fines de los cincuentas, sus amigos eran personas como La Monte Young o John Cage, músicos experimentales que años después harían impacto en Paul McCartney y en la música de los Beatles. Despreciar a Yoko de una forma superficial es desconocer su vida; no tener el interés de trascender la mera caricatura. Ella fue y es artista, compositora (esto con la ayuda de John), cantante, empresaria, madre. Y todo lo hizo bastante bien, pensando en una mujer que sufrió la negación de la tenencia de una hija, el escarnio público y el asesinato de su marido. Su espíritu estoico superó depresiones y caídas, y al vacío le opuso arte y música, música que recorrió lo experimental y lo pop, con picos de belleza como Hell in Paradise, una muestra más ecuánime de su talento que aquellos chillidos pavorosos de Two Virgins. En Yes, I’m a Witch, Yoko dejó que una cantidad de músicos jóvenes que ella admira eligieran canciones de su catálogo para regrabarlas y editar el disco. Así, y entre otros, The Flaming Lips, Cat Power, Peaches, Le Tigre o Spiritualized actualizaron su música, respetando en la mayoría de los temas la voz y las letras originales de la autora. “Cuando me uní a John la sociedad me consideraba una perra, una mujer horrible, una japonesa desagradable”, confesó Yoko en una oportunidad. Muchos todavía viven con los ojos tapados, y ni siquiera se van a tomar el tiempo de escuchar un buen disco, que une la sensibilidad de actuales músicos independientes con la de una mujer que siempre estimuló la búsqueda de la creatividad. No importa, igual muchos es nada. 



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