El Varón del tango
Julio Sosa
Por Juan María Hounie
Eran principios de la década del sesenta y en Buenos Aires, por contagio global, la música foránea hacía pesar su creciente popularidad en la radio, en la televisión, en la juventud. En forma de congas, boleros, canciones italianas, swing, twist y rock nacía la Nueva ola y los ídolos del momento tenían nombres como Palito Ortega, Johnny Tedesco, Chico Novarro o Nicky Jones. La arremetida del beat anglosajón desplazaba del gusto popular juvenil a los géneros más autóctonos, ya sea la milonga o el tango, y en la palestra de lo cultural la voz del clásico cantor perdía fuerza; los fuelles del bandoneón se debilitaban ante el incipiente sonido eléctrico que bajaba del norte. Esa era, para muchos, la cruel realidad. Se acaban los robustos, se secaba la gomina y la milonga pedía rauda un salvador, una voz profunda y temeraria que se plantara orgullosa ante la invasión de anglicanismos externos o acriollados.
Julio Sosa, ¡carajo!, porque ése es el nombre y el hombre que le puso capa, escudo y espada al tango, el que se irguió inconmovible frente a la intrusión externa, el que azuzó con su voz de caballero y modales refinados a las nuevas generaciones encandiladas por el corte inglés. Así fue que en 1964 (año que consagró a The Beatles), “El varón del tango” –apodo que recibió de un publicista de su discográfica- entonó y bailó junto a Beba Vidart, en la película Buenas noches, Buenos Aires, las estrofas de la milonga El firulete, conmovedora, peleona y reivindicativa, que con su letra directa encaraba a los copetudos de la nueva ola: ¿Quién fue el raro bicho que te ha dicho che pebete que pasó el tiempo del firulete? / Por más que ronquen los merengues y las congas, siempre fue tiempo para milonga / Vos dejá nomás que algún chabón chamuye al cuete y sacudile tu firulete, que desde el cerebro al alma la milonga lo bordó / Es el compás criollo y se acabó. Con esto, Sosa logró vender tantos discos como cualquier representante de la Nueva ola, algo impensado para un cantante de tango en aquel momento.
Nacido un 2 de febrero de 1926 en la ciudad de Las Piedras, Uruguay, hijo de un peón rural y una lavandera, antes de dedicarse al tango Sosa fue ayudante de mercachifle, repartidor de farmacia, vendedor de bizcochos, municipal y marinero de segunda. En 1949 partió rumbo a Buenos Aires para cantar. Se convirtió en la última gran voz del tango. Amante de los autos deportivos y la velocidad, murió en un accidente de tránsito el 26 de noviembre de 1964, en la esquina de la avenida Figueroa Alcorta y Mariscal Castilla. Su velatorio debió trasladarse de improviso al mítico Luna Park, por la inmensa cantidad de gemebundos que se acercaron a despedirlo. En su único libro publicado, de poesías, escribió: Cuando mi alma abandone su envoltura terrena / y a tu alcoba se acerque, doliente y errabundo / impotente y terrible mi deseo de amarte retorcerá mi cuerpo prisionero en mi tumba.

