Viejo conocido

Echoes, silence & grace, el último de Foo Fighters

Por Fede Bardier

Los Foo Fighters son lo más parecido a Hulk que hay en el mundo de la música. Todos conocemos el lado más Lou Ferrigno de la banda, ese lado verde, más heavy y divertido que todos amamos ver y escuchar. También está el lado Bruce Banner. Más reflexivo, dócil, y definitivamente menos animal. En general, y en la mayoría de sus discos, como en el propio Banner, persona y monstruo conviven en el mismo envase.

Los Fighters habían abandonado un poco ese camino en In your honor, separando en dos discos lo que normalmente coexistía armónicamente en uno, pero para Echoes,silence, patience & grace vuelven a retomar la senda. Como es habitual, los primeros temas son una patadita generosa en la nuca, de esas que te hacen sacudir la capocha a tempo y te recuerdan que Grohl hace riffs como un batero. Pero ellos nunca se descansan demasiado en un terreno, y enseguida de la primera seguidilla vienen Long road to ruin, Stranger things have happened (a la que le hubiera venido bien una batería y un poco de overdrive) y Summers end (una balada rocker con una melodía tremenda, de esas que tienen el sellito de Grohl por donde se la mire), intercaladas en el medio con un par de deslices fácilmente olvidables, de esos de los que también encontramos un par por disco (Come alive y Cheer up boys…). Ballad of the Beaconsfield miners es de una rareza extrema. La única razón por la que este tema forma parte del track list de Echoes…, es porque Grohl prometió grabar la canción a un sobreviviente del derrumbe de esa mina en el año 2006.

El siguiente track, Statues, extiende el clima baladero por el que viene el disco, pero But, honestly comienza nuevamente la construcción de esa ciclotimia anímica, comenzando con una larga intro acústica que va creciendo hasta explotar cerca del final del tema. Y al final, Grohl, con ese sentido del humor bastante extraño que lo caracteriza, se pone guarango y le pasa por arriba con la topadora al crecimiento climático que venía construyendo y se pone a tocar el piano en Home. De todas formas, y a pesar de la renovación sonora gradual que ha experimentado la banda, este disco es, de alguna manera, una vuelta a sus primeras épocas. Y, entre otras cosas, contaron nuevamente con la producción de Gil Norton, productor de The color and the shape. Un acierto.



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