The Hives: The black and white album
Lo que pasa cada vez que ponés por primera vez un disco de The Hives es: ¡pim! ¡pum! ¡pam! y piñata musical. Gancho a la perita que desata ese tsunami garagero incontrolable. The black and white
álbum, cuarto disco en la carrera alocada del quinteto sueco, no es la excepción. Si bien le sobran motivos para brillar con luz propia, en un principio amenaza con la dosis acostumbrada de explosión caótica entradora, pero luego saca a relucir sus armas secretas. Similar a esa calma después de la tormenta, aparece A stroll through hive minor corridors, una rara pieza con una maquinita de ritmos de juguete y un teclado (aparentemente también de juguete) como de película de terror clase B, que actúa como un interludio. Además denuncia que algunos cambios están por venir. Se contagian un poco del fenómeno ochenteno, a la Ferdinad, en Won’t be long y en T.H.E.H.I.V.E.S., y se despachan con teclados new wave y falsetes en un plan bastante interesante (más interesante que otra cosa), pero pasan la prueba. No así Giddy up!, un experimento fallido. El cierre, con Square one, You dress up y Bigger hole, demuestra lo claro que tienen las cosas, pero siempre hay lugar para la experimentación, no importa lo bueno o malo que sea el resultado.

