Voraz
Amélie Nothomb: Biografía del hambre
Por Macarena Langleib
Los franceses hacen sobre los belgas el equivalente a los habituales “chistes de gallegos” en el Río de la Plata. Pero, mal que les pese, es una hija de los Países Bajos la autora en lengua francesa más leída de las letras contemporáneas. Para colmo es prolífica a razón de tres libros al año (aunque sólo publica uno), muy inteligente, es más, hasta pedante, y en esa conciencia de sí incluye guiños sobre la subestimación que los galos tienden a expresarles. Por ejemplo, cuando le confiesa su origen a una compañerita de cursos en el Liceo Francés de Nueva York: “_ ¿Sabes? Soy belga. Marie me dio entonces una hermosa prueba de amor; con una voz contenida, declaró: _ No se lo contaré a nadie.”
En uno de los tantos foros sobre la autora http://amelienothomb.cultureforum.net, calificado por Le Nouvel Observateur como uno de los 50 mejores de su clase, Biografía del hambre no ocupa en absoluto los primeros puestos del ranking de preferencias. Utilizando una pluma como cursor, el navegante puede desplazarse por las fotos de esta excéntrica de labial intenso y melena desarreglada, a menudo coronada por sombreros. Sus fanáticos prefieren títulos con más maldad, como Ácido sulfúrico, el último, donde descuartiza Gran Hermano situando a sus personajes en un reality que transcurre en un campo de concentración.
No teman a la contratapa. Nothomb no escribió aquí sobre atracones y vómitos. La anorexia que sufrió durante dos años queda consignada en un par de párrafos. Este es un racconto de su infancia trashumante como buena hija de diplomáticos. Es un ensayo sobre cómo ganarse el amor de los otros. Consumidora estética insaciable, Nothomb añora los cuidados que le prodigaba su nana en el país de los cerezos en flor. Cuenta cómo desarrolló una potomanía que la llevaba a inflar su pancita infantil cada noche con todo el líquido posible. Habla del sintoísmo mientras el catolicismo se filtra sin permiso en el lenguaje. Logra valorar las mejores fresas del mundo, las de Pekín, en un marco social que colapsaba.
Roba caramelos y disfruta tanto de su sabor como de su cara de placer en el espejo. Toma alcohol y todavía es niña, mientras los grandes debaten sobre política internacional y los restos de sus copas son vaciados a escondidas. “La muerte los acecha con tanta fuerza que tienen por la vida un delirante apetito”, justifica a los “jamasianos”, aquellos a quienes les ha sido dicho que nunca jamás volverán a tener lo que tuvieron. Crecer duele, valga la obviedad, y Nothomb madura la tristeza de la pérdida en tanto nos regala postales de su infancia inimitable. La descripción de las sensaciones de montar junto a su hermana dos caballos que nadan en el
río es una de las más bellas y traslúcidas.
Biografía del hambre de Amélie Nothomb
Anagrama - 2006 - 206 págs.

