La Rosa Negra

Rose McGowan

Por Gonzalo Curbelo

Hace un año Rose McGowan tenía todos los boletos para superar su estatus de figura de culto y convertirse en una de las estrellas de primera línea de Hollywood: no uno sino dos de los directores más cool del cine norteamericano, Robert Rodríguez y Quentin Tarantino, la habían elegido como actriz del ambicioso proyecto a cuatro manos que estaban realizando, un homenaje a las matinées de horror y violencia de los años 70 llamado Grind-house. Una película dividida en dos filmes independientes de una hora de duración en los cuales McGowan interpreta a una heroína mutilada que se enfrenta con un ejército de zombies (en Planet Terror, dirigida por Rodríguez) y a una mosca de bar algo fastidiosa que tiene la desgracia de toparse con un doble de riesgo que también es un asesino sicótico (en Death Proof, de Tarantino).

Pero por desgracia para McGowan, la película fue un fracaso gigantesco. Una injusticia, ya que Grindhouse es un producto disfrutable y digno, y una oportunidad perdida para que esta actriz de 34 años realmente se luciera. De raíces irlandesas, algo que delata su apellido, Rose nació sin embargo en la elegante ciudad de Florencia (Italia), siendo educada dentro del escandaloso culto religioso, Los Hijos de Dios, una secta basada en la práctica extremadamente libre de la sexualidad como forma de acercamiento a la divinidad. Después de emanciparse de sus pintorescos padres a los 15 años, McGowan trabajó como modelo, haciendo su primera aparición cinematográfica en 1992, en una comedia de Pauly Shore (Encino Man). Su segundo papel ya la convirtió en una figura de culto al protagonizar la violenta y transgresora road movie The Doom Generation (1995) de Gregg Araki.

Luego de un rol menor pero notorio en Scream (Wes Craven, 1996), fue la reemplazante de la insoportable Shannon Doherty en la serie de jóvenes brujas Charmed. Desde entonces y salvo excepciones interpretó más que nada papeles menores. McGowan tuvo una gran cuota de publicidad gratis gracias a la relación sentimental que la unió con el siempre impresentable Marilyn Manson, especialmente cuando acudió junto al músico a la entrega de premios de MTV en 1998, ataviada con un vestido hecho de cadenas que cumplía una función de cobertura más que nada simbólica.

Este año McGowan estrenó Black Oasis, una película de Stephen Elliot (Las aventuras de Priscilla) sobre una actriz clase B que fue asesinada por su hijo enano, y Fifty Dead Man Walking, sobre un infiltrado en el IRA que fue brutalmente torturado. Ambas tienen en común esa violencia algo perversa que parece acompañar a McGowan en todos sus roles.



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