Valientes Ilustrados
Ilustradores R.O.U.
Por Ana Pais
Hay quienes en momentos de aburrimiento o distracción dibujan cuadrados, y quienes dan un paso más y prefieren diseñar cubos. Están las adolescentes que hacen macaquitos con ojos y lenguas grandes, los chicos que garabatean pequeñas piezas pornográficas, los soñadores que con diez líneas tienen una palmera y un motivo de evasión. Pero también existen unos pocos que con lápiz y papel hacen pequeñas obras de arte, que ningún interlocutor puede evitar admirar previo a ofenderse por la falta de atención. “Dibujar es innato, el punto es cómo poner ese lenguaje a salvo de la educación curricular o de la opinión familiar”, dijo Fabián Rodríguez, uno de los creadores de la revista ¡Guacho!. Sin embargo, y como en todas las artes, el talento debe ser educado. Además de los talleres más conocidos como el de los ilustradores Tunda (Luis Prada) y Ombú (Fermín Hontou) o Continental Schools, existen decenas de cursos más o menos profesionales y específicos.
Pablo Campos, por ejemplo, tiene 28 años y dirige el Taller Hikaru de dibujos manga desde hace cuatro años. Mientras escuchan canciones de bandas relacionadas con el animé, conversan sobre el manga de ahora y de antes. “El problema es que muchos de los chicos a los que les gustan este tipo de cosas no son muy sociales. En todo caso interactúan por foros como Freak Zone. Aunque en verdad, el fanático del cómic en general es un poco retraído. La gente lo toma como algo infantil y por miedo los chicos se encierran”.
Para Ombú, que lleva 25 años en el humor gráfico, “hay evidentemente una movida grande” hoy en día. Sin embargo, los medios no reflejan la cantidad de talentos que hay. El País, por ejemplo, publica Mafalda en la portada cuando dejó de salir hace unos 20 años, dijo. “A veces ponen una tira de Navidad a mitad de año o una que habla sobre la invención de la minifalda. No cuestiono a Quino en sí, es un hito y crecí leyéndolo, pero es injusto que no se publiquen cosas nuevas. Mafalda en algún momento fue nuevo, pero ya no”.
Pero no todo es tiras y humor, el dibujo toma cada vez más presencia en las páginas de libros, en diseños de afiches, en ropa y los más variados objetos, y en Uruguay está logrando instaurarse en todas las versiones de pantallas. Juegos de computadora, clips publicitarios, animación llevada al cine y a la tv, se nutren del trazo del dibujante para idear mundos fantásticos y representar historias cotidianas. Algunos de los ejemplos se ven en la renovada presentación de las salas Moviecenter, que realizó el estudio Animalada, los cientos de videojuegos de Batoví , Ludo o Powerful Robot o el proyecto de Palermo Estudio y Raindogs para cine, Anina Yatay Salas, ganador por primera vez de un FONA para animación en 2006. Hoy son catorce las agrupaciones que conforman proanima, un cluster para promover estas iniciativas. Pujan por su lugar, cada día son más, pero aún les cuesta que se valorice su trabajo y es que, así sea garabato u obra de arte en trazos o pixeles, ya sea en el ámbito del arte o en laboral se tiende a decir… “haceme un dibujito que a vos te sale bien” .

