¿Qué pasa entre las corcheas?
Por Mauricio Bosch
Muchas de las demandas iniciadas por plagio quedan en la nada, ya sea por lo largos que suelen ser los procesos judiciales, o por cosas inexplicables. Tal es el caso en que lo acusaban a George Harrisson de plagiar con My Sweet Lord a He’s so fine, compuesta por Ronald Mack y grabada por The Chiffons en 1962. La de Harrison era del 1970. Dice la historia que la demanda fue presentada en 1971 y que en 1976 Harrison ofreció pagarle al demandante la suma de $148 mil dólares; éste aceptó pero nunca se volvió a contactar. Nadie está libre de plagio, incluso los mismísimos Stones y su reciente hit Anybody seen my baby, del disco Bridges to Babylon, fueron acusados por K D Lang por ser una copia de su tal vez único hit Constant Craving. Lo cierto es que sus majestades tuvieron que hacerle un lugar a esta chica en los créditos de la canción que ahora se firma: Mick Jagger/K D Lang/Ben Mink/Keith Richards. Deben haber pensado que como el disco que contenía la canción era Ingenue (1992) ésta no se daría cuenta.
Otro caso es el que involucra a Rod Stewart y Jorge Ben donde el primero plagió con todas las letras el tema Da ya think I’m sexy al Taj Mahal de Ben, conflicto que concluyó con la donación de todos los derechos de la canción del rubio europeo a UNICEF. Curiosamente el álbum que contenía la canción era Blondes have more fun (los/as rubio/as se divierten más).
Escuchar música puede ser perjudicial para el futuro de tu canción, pero claro, el hecho de no hacerlo puede ocasionarte los mismos problemas, un arma de doble filo, donde al final lo que pesará será la intencionalidad, ¿habrá algo más subjetivo? Similitudes hay muchas y nunca falta quien desee una porción de la gran torta; lo cierto es que el plagio tiene más de prensa que de realidad. Para que una obra sea definida como plagio deberán pesar muchos factores, sin tener en cuenta nada de compases. Lo más importante es la intencionalidad o lo que los juristas denominan “dolo”, lo que en definitiva es mala fe.
El problema aquí es cómo se prueba. Según Satanowsky, todo queda en manos de la sagacidad del juez, que comprobará que tuviste mala intención, conocías la existencia de la obra en cuestión y, sobre todo, que tuviste la voluntad deliberada de apropiarte del trabajo intelectual de otro, ya que no hay plagio por caso fortuito y no basta la simple coincidencia o similitud cuando la obra lleva el sello personal del autor.
Y dice Labourie: “…debe distinguirse de la reminiscencia, es decir, de la similitud que pueda resultar en una obra por el recuerdo inconsciente” o en otras palabras del residuo inconsciente que por ejemplo tus maestros depositaron en vos. En definitiva será plagio cuando te comprueben que: “la imitación, no es hecha con el objeto de una discusión o polémica, sino en mira de aprovecharse del trabajo de otro y por evitarse la pena que daría el trabajo original”, afirma Satanowky.
Aunque como en todo siempre hay varias escuelas, al respecto Cucurto expresa: “Ser creador es fácil, lo difícil es agarrar un molde y rediseñarlo. Tenés que tener la habilidad del que lo hizo y a habilidad de transformarlo. Copiar no es para cualquiera, es mil veces más difícil que inventar. ¡Yo desafío a cualquier escritor latinoamericano a que haga una obra maestra con este zafarrancho como yo hice con todos los bodoques de libros que leí!”
Actualmente, Beto Triunfo y Roberto Da Silva le reclaman a la cantante española Rosana un millón de dólares (My god!) por sentirse plagiados en el jingle que compusieron hace 26 años para el mundialito que ganó Uruguay en el ‘80 (Uruguay te queremos ver campeón ) con la canción Soñaré. Iniciaron gestiones a través de AGADU y la sociedad de autores de España. Esta última respondió que debían iniciar un juicio y están en eso. Suerte en pila.
Más info en:
www.famousplagiarists.com
Satanowsky, Isidro. Derecho intelectual, Tomo II
Cucurto. Las aventuras del Señor Maíz
AGADU. Ley sobre propiedad literaria y artística.
Sanciones. Capítulo X, artículo 46.

