Alabar lavandera
Vilipendio a los símbolos patrios
Por Horacio Varoli
La bandera se mancha, pero no se lava. Cada año se queman unas 60 banderas uruguayas, pero por respeto formal y no por ataque antipatriótico. El vilipendio y los símbolos patrios. El gobierno estudia eliminar delitos contra símbolos nacionales y extranjeros. ¿Es muy flamígera mi bandera mi bandera, nada igual a su lucir?
En honor a la bandera y al abanderado de turno, aquello de “es muy bella, es muy bella mi bandera / nada igual a su lucir, su lucir” está bastante pasadito de moda. Y del escudo ni hablemos. También pasó su cuarto de hora. Si hasta la presidencia de la República lo ninguneó y lo sustituyó por un “sol naciente” como imagen institucional. ¿Y la escarapela? Otro símbolo vetusto. Salió del ruedo hace años, por la puerta de atrás como quien dice, porque ya no lo usaba ni el más adicto al nacionalismo oriental.
Hasta el himno la está pasando mal. Muy mal. Versiones incompletas en el estadio Centenario, gente que lo escucha sentado en la butaca, que no lo canta, jugadores que no saben la letra. Imagino que ahora los escolares piden la versión rockera de No te va gustar y que ex alumnos proponen sustituirlo por la canción que el Cuarteto le dedicó a José Artigas. Aunque especulo, no descarto que haya unos cuantos interesados en escuchar el periplo etílico antes que los refinados versos de Francisco Acuña de Figueroa. Algo pasa con los símbolos patrios. Hoy leo que el gobierno estudia eliminar los delitos de vilipendio a los símbolos nacionales y extranjeros, mediante la nueva ley de prensa. “La idea es no prohibir una forma conexa a la libertad de expresión”, me dice un alto jerarca del Ministerio de Educación y Cultura.
Enseguida me viene a la mente la imagen de Jorge Zabalza con un encendedor en la mano, haciéndolo chispear, pronto para quemar otra bandera. Porque el ex tupamaro tiene experiencia en la materia. En abril del año pasado quemó una bandera de Estados Unidos en el programa de Omar Gutiérrez. La sacó de una bolsa de nylon y la hizo arder en llamas con el mismo encendedor que tiene ahora en mi mente, ante la mirada impotente de los vecinos y vecinas de todo el país. Fantástico: un golpe al mentón del imperialismo y al mismísimo símbolo yanqui. Con este artículo del proyecto de ley, Zabalza y cualquier otro mortal podrán quemar todas las banderas que quieran sin hacerse mayor problema, como una forma de desagrado o desaprobación a un gobierno, a una idea, a un símbolo.
En Uruguay, con unos símbolos patrios que no despiertan grandes pasiones, el vilipendio, cuando rara vez sucede, aparece en los noticieros casi como una divertida curiosidad, lo que se dice nota de color. Con suerte, si hay dos personajes con posturas diferentes y ganas de discutir un poco, el tema tendrá unos días de vida, no más que el último capítulo de la eterna disputa “Cuba Sí vs. Cuba No” o las profundas controversias entre Claudia, Abigail y Mónica, ¿nuestros nuevos símbolos patrios?
El último vilipendio que suscitó una breve discusión ocurrió en la pasada Noche de los Museos, cuando en pleno Museo Histórico y con el himno nacional de fondo, el artista Raúl Núñez, vestido con una máscara de chancho y ropa interior de mujer, terminaba una particular perfomance que también había incluido la ofrenda de una bandera uruguaya sobre una cabeza del porcino previamente mutilada a cuchillazos. “Fue una obscenidad”, dijeron algunos concurrentes al evento, y el Partido Nacional terminó pidiendo explicaciones al entonces ministro Jorge Brovetto sobre el asunto.
Recuerdo que en la escuela nos enseñaron (o al menos intentaron enseñarnos) a respetar los pabellones nacionales. Nos dijeron que no se lavan ni se tiran. Y, por lo tanto, tampoco se queman frente a las cámaras de televisión. Cuando no son dignas de usar, se guardan y se entregan al Regimiento de Blandengues. Ahí sí se incineran. Hay toda una ceremonia para eso. Unas 60 banderas se queman por año en Montevideo, según fuentes del Ejército. La mayoría son de instituciones públicas, que deben reemplazar una vez por año los pabellones patrios.
Algo pasa con los símbolos. Miro hacia atrás y la jura de la bandera hoy no el más que el primer trámite para sacar la credencial y para entrar a la Universidad. ¿Y el juramento? Bien gracias.
Lejos quedó aquel sentimiento patriótico, el honor del estudiante por ser el “abanderado de la uruguaya”. Y lo mismo con otros símbolos. Hoy el escudo es una chapa descascarada que cuelga sobre la puerta de los edificios públicos. El buey, el caballo, el cerro, la justicia, ¿qué significados tienen? Cuando ocurrió el caso del artista, el chancho mutilado y la bandera uruguaya, una radio de la capital informó lo sucedido y concluyó que habíamos perdido una oportunidad para debatir sobre los símbolos patrios. Es que hay algo de fondo.
¿Eliminar los delitos de vilipendio, no pone en riesgo total el respeto por los símbolos? El símbolo patrio, ¿a qué o quién representa a esta altura? “El respeto a los símbolos debe ser por convicción, no por posición”, me responde el jerarca. Puede que sea un buen momento para debatir. O para quemar
banderas.

