Extreme Makeover

Neil Diamond y Rick Rubin consolidan su sociedad con su nuevo disco

Por Juan Hounie

Home before dark pone frente a frente a dos personas de distintas generaciones, que son a la vez dos pesos pesados en la historia de la música popular estadounidense. De un lado Neil Diamond, 67 años, neoyorquino y judío, con más de 120 millones de discos vendidos. Del otro Rick Rubin, 45 años, neoyorquino y judío, con más de 100 discos producidos. Diamond, compositor de canciones que alcanzaron el éxito consigo y con otros: Solitary man, I’m a believer, Girl, you’ll be a woman soon, Red red wine. Un artista que surgió en los 60’s haciendo carrera al costado del camino, siempre enfilando hacia el lado opuesto de lo generacionalmente cool. Rubin, productor de discos que le consiguieron fama para sí y para otros: Licensed to Ill (Beastie Boys), Raising hell (Run-D.M.C.) Blood sugar sex magik (Red Hot Chili Peppers). Un tipo que en los 80’s transformó desde la producción la industria del rock, siempre conectado a la onda del momento hasta el punto de aparentar ser su disparador.

De un lado y del otro entonces, la situación es la siguiente: Rubin y Diamond se encuentran inmersos en la producción del nuevo disco. Ya es entrada la noche y ambos están en el estudio de grabación de Diamond en Los Ángeles. La verdad es que Rubin siempre se declaró públicamente fan del cantautor, y su deseo de trabajar juntos se cumplió en el año 2005, cuando editaron 12 songs. Los resultados fueron contraproducentes: mientras el disco le conseguía a Diamond su mejor entrada en las listas de ventas y las mejores críticas en 20 años, la compañía discográfica debió retirarlo de todos los puntos de ventas. ¿Por qué? La inclusión de un software destinado a protegerlo de la copia, que actuaba provocando un daño significativo en el sistema operativo del PC. En medio del combate a la piratería quedó atrapado el binomio Diamond-Rubin, y para cuando la compañía resolvió relanzar el disco en el 2007, ya era tarde. Como la frustración tiene revancha, ese mismo año ambos regresaron a estudio.

Y ahí se encuentran pues, frente a frente, Diamond con su guitarra mostrándole las nuevas canciones a Rubin. El productor, de frondosa barba gris y vistiendo una sencilla remera blanca y unos pantalones caqui, se detiene particularmente en una, y dice: “Me parece que esta canción no es lo suficientemente cool”. Se produce un silencio. Extrañado, Diamond interroga. “¿Cool? Nada en mí jamás ha sido cool. Cool no es la cuestión acá. Cool es lo que yo no soy”. Y es ahí donde se funde el éxito, cuando alguien desinteresado en pretender ser se choca con alguien que bien sabe cómo lograr que lo sea; entonces simplemente hay. Y estar fuera o dentro no es una cuestión superficial en la música pop. Es precisamente esa tarea la que Rubin aborda al trabajar con ciertos artistas fuera de su escena. Porque la misma persona que produce a Weezer o Justin Timberlake, es también quien redescubrió para muchos a Johnny Cash, con la notable serie de American recordings. Y el mismo plato quería ahora repetir Rubin con Diamond.

Rubin es el gurú. Hace un año fue contratado por Columbia como co-director de la que en su momento fue una compañía discográfica próspera y orgullosa que fichaba a Bob Dylan, Simon & Garfunkel o Janis Joplin, pero que ahora, como subsidiaria de Sony BMG, observa con desesperación la realidad de su catálogo, valioso pero añejo, grande pero alejado. Y el negocio actual de la música no sólo es bajar y comprar, sino también bajar y comprar calidad. Ahí aparece Rubin, como la persona ideal para resucitar lo clásico y renovarlo, y orientar hacia los canales correctos contenidos tan disímiles como la banda de indie punk Gossip, liderada por la obesa y feminista Beth Ditto, o el veterano y multiplatino Diamond. David Geffen lo dejó claro: “La industria de la música ha perdido su fe en el contenido. Diez años atrás las compañías querían hacer discos, buenos discos en lo posible y venderlos. Pero el pánico ganó, y ahora ya no se trata de hacer música sino sólo de cómo venderla.

Es difícil la solución al problema. Yo todavía creo que una compañía tiene que hacer buena música. Sony fue muy inteligente al contratar a Rick”. Home before dark planteó el desafío una vez más. La marca cashiana de Rubin ahora aplicada a Diamond. Sin embargo, Diamond no es naturalmente oscuro o mítico, nunca estuvo dentro y fuera como Cash, no fue un alcohólico rescatado del infierno que supo grabar discos en vivo ante presos excitados, o cascar su voz hasta convertirla en un sonido de ultratumba capaz de conmocionar lo inconmovible. Para Cash, Rubin sacó partido de todo eso, y editó unos discos crudos y enérgicos que terminaron de apuntalar la leyenda. Ahora, ¿qué con Diamond? Este hombre siempre de perfil bajo, del otro lado de la vereda, un récord de ventas a veces demasiado meloso, como cuando se enfundó en vistoso traje de lentejuelas para hacer dueto con Barbra Streisand, un hombre que nunca se grabó despojado de ornamentos que lo dejaran desnudo sólo ante su voz y una guitarra. Es a ese lugar que fueron a buscar la esencia: la sinceridad lírica y aplomada de un compositor que ya hizo todo el camino, potenciada por la competencia concisa de un productor con muy buen tino. Diamond finalmente enfrentó sus miedos.

¿Resultado? Tanto esperar para decirlo: un discazo. Lo que no tiene de Cash, Diamond bien lo suple con otros recursos. Para empezar, canciones de su propia autoría, con letras profundas y precisas; melodías menos monocromáticas aunque austeras, que ganan peso con el sólo sonido de una guitarra, a veces un bajo, a veces un piano. Home before dark, casa antes de la oscuridad, un lugar seguro, donde se mezclan con pocos pero buenos arreglos canciones de amor, confesiones de un hombre fiero y sabio, ciertos country rock progresivos finamente ejecutados por el cantor y sus músicos. Salido del olvido y de otros escenarios que nunca fueron suyos, ahora Diamond hace un regreso acertado junto a Rubin, y se demuestra capaz de seguir escribiendo buenas canciones y, mejor aún, de interpretarlas con fuerza. La sociedad con el productor le abre a Diamond las puertas a otro público, no en vano recientemente se presentó con buenas críticas en el festival inglés de Glastonbury. Quizás, sobre el final del camino, ahora Neil sienta que lo cool ya no le es tan ajeno como otrora.



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